Vacunas: un regalo para toda la vida

viernes 24,
JUNIO
2016
Vacunas: un regalo para toda la vida

En el mundo millones de niños se ven afectados cada año, por infecciones como el sarampión, la hepatitis B, el Haemophilus influenzae tipo B y otras muchas enfermedades. Para estas infecciones existen vacunas que, en los países más desarrollados, hacen que nos olvidemos de su importancia. Sin embargo, en los países pobres no pueden pagar estas vacunas, lo que repercute de forma dramática en la mortalidad infantil.

En los últimos años, se han desarrollado numerosas iniciativas para ampliar la cobertura de las vacunas. Se ha conseguido reducir a la mitad la mortalidad infantil de 12 millones de fallecimientos al año en 1990 a 6 millones en 2015 según la Organización Mundial de la Salud. Hoy por hoy, no hay ninguna intervención sanitaria que llegue a tantos niños y tenga una eficacia superior que las vacunas, aunque aún queda mucho por hacer.

Las vacunas no tienen únicamente repercusiones en la salud, sino que conducen a una mejora a largo plazo en la educación de los niños, al poder asistir a la escuela durante más tiempo y con un mejor rendimiento. Esto permite a sus padres poder trabajar, en lugar de quedarse en casa cuidando de sus hijos gastando su dinero en dichos cuidados, con las consiguientes mejoras en la economía familiar y del país que esto supone. De hecho, se calcula que un incremento de 5 años en la esperanza de vida supone un aumento del 0'5% anual del PIB per cápita. Por lo tanto, la inmunización mediante las vacunas repercute no sólo en el individuo, sino en la economía en conjunto.

Sin embargo, en los últimos años especialmente han aparecido en los países ricos los denominados “grupos antivacunas”. Si bien la inmensa mayoría de la población reconoce que las vacunas son beneficiosas, posicionándose en el mismo lado que la evidencia científica, existen numerosos blogs “pseudocientíficos” que fomentan el rechazo a las mismas.

Gracias a la vacunación universal, en España han disminuido o prácticamente desaparecido muchas de las enfermedades ante las que nos vacunamos. Algunos ejemplos son la viruela, la poliomielitis, el tétanos neonatal, el sarampión, la rubéola o la difteria. No obstante, muchas de dichas enfermedades son frecuentes en otros países del mundo y, como consecuencia, los viajeros que procedan de dichos países pueden introducir de nuevo la enfermedad en el país. El hecho de que un alto porcentaje de la población esté vacunada actúa como barrera protectora, puesto que se evita la propagación de la enfermedad al no encontrar individuos a los que infectar. Esta barrera protege al conjunto de la sociedad, incluyendo a aquellas personas que, por presentar ciertas enfermedades o alergias, no pueden ser vacunadas y tienen un mayor riesgo de padecer una infección grave. Si los niños dejasen de vacunarse podrían resurgir enfermedades al facilitarse su propagación.

vacuna bebé

Otro argumento de los grupos antivacunas es que la mayoría de los niños que padecen la enfermedad están vacunados. Ya que las vacunas no son 100% efectivas y la cobertura vacunal en nuestro país alcanza el 99% de la población infantil, lo más probable es que los casos de enfermedad se presenten en vacunados. Sin embargo, si el porcentaje de niños vacunados es menor el paisaje cambia.

En relación con los efectos secundarios de las vacunas existe una gran mitología desarrollada por los grupos antivacunas, como la relación de la triple vírica con el autismo o de la vacuna frente al virus del papiloma humano con síntomas neurológicos. En ambos casos se ha demostrado que la frecuencia de autismo o alteraciones en el sistema nervioso en vacunados es incluso inferior en muchos casos a la de los no vacunados. Es más, en el caso del autismo, existieron intereses comerciales tras la publicación de un artículo firmado por Andrew Wakefield y publicado en The Lancet basado en datos falsos, que llevó a la sanción de su autor por parte de la comunidad médica.

Las vacunas, junto con la potabilización de las aguas y las redes de alcantarillado, son las intervenciones de salud pública que mayores beneficios han reportado a la Humanidad. Por ende, lo que hagamos en los mil primeros días de la vida de un niño, desde la concepción hasta los 3 años, va a repercutir de una forma inmensa en el resto de su vida. Seguir el calendario de vacunación marcado por las Administraciones Públicas y consultar con tu pediatra en caso de duda siguen siendo formas eficaces de proteger a tu bebé, dándole un regalo para toda la vida.

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