Convulsiones febriles en niños: ¿qué hacer?

jueves 15,
MARZO
2018
Convulsiones febriles en niños: ¿qué hacer?
Las convulsiones febriles en niños son una respuesta física en forma de convulsión cuando niños de entre seis meses y cinco años de edad padecen un episodio de fiebre, siendo más habituales en niños pequeños de 12 a 24 meses.
Si bien puede ser una situación muy angustiante, como padres es importante conocer por qué suceden estos espasmos febriles y qué hacer en caso de una convulsión febril.

Las convulsiones febriles en niños

Las convulsiones febriles en niños son una respuesta singular del cerebro de bebés e infantes cuando se produce una falta de tono muscular o un aumento repentino de la temperatura, generalmente, por culpa de la fiebre causada por una infección. Estos espasmos suelen producirse el primer día de enfermedad, cuando al pequeño le sube la fiebre.

La mayoría de las convulsiones febriles duran uno o dos minutos, pero en algunos niños los espasmos pueden ser de unos pocos segundos o alcanzar hasta los 15 minutos.

Aunque puede ser muy angustioso para los padres, estos episodios no suelen causar daños en los niños y no implican una enfermedad. No obstante, si las convulsiones febriles son repetidas, sí es necesario pedir un examen médico.

Convulsiones febriles por franja de edad

Entre el 2 y el 5% de los niños padecen este trastorno convulsivo durante lo infancia, siendo más más habitual en la franja de edad de los 12 meses a los dos años.

Los datos muestran que sólo el 15% padece estas crisis pasados los cuatro años o antes de los seis meses de edad; asimismo, son más comunes en niños que en niñas y en aquellas familias con historial de convulsiones.

Cómo se manifiestan las convulsiones febriles

Los principales síntomas de una convulsión febril son el aumento brusco de la temperatura corporal por encima de los 38ºC y la pérdida de conciencia durante el episodio convulsivo. Además, los niños pueden mostrar otros indicadores como:

  • Sacudidas o movimientos bruscos y repetidos en brazos y piernas.
  • Rigidez de todo el cuerpo o de parte.
  • Falta de movimientos, flacidez de la musculatura.
  • Movimiento de chupeteo de labios.
  • Labios azules.
  • Desviación de la mirada o mirada fija en un punto.
  • Pérdidas de orina o defecación.

Qué hacer en caso de una convulsión febril

Las convulsiones febriles no acostumbran a causar daños, pero los papás y mamás podemos ayudar protegiendo la cabeza del niño si se producen movimientos bruscos en las extremidades, evitando así golpes, girándola hacia un lado por si vomita. Es importante retirar todo aquello que pueda hacerle daño o causar atragantamiento.

Después de una convulsión, algunos niños permanecen despiertos y asustados, por lo que es importante consolarlos después de haber pasado este mal rato. En cambio, otros tienen un período con sueño o gran cansancio, en la que debemos dejar que reposen.

Tratamiento para las convulsiones febriles

Las convulsiones no dejan secuelas en los niños, pero es necesario acudir al médico después del primer episodio, aunque haya sido de unos pocos segundos.

Los casos que precisan atención médica más urgente son aquellos en los que el pequeño ha vomitado, se ha producido una rigidez en el cuello, problemas respiratorios, ha durado más de dos minutos o el niño tiene una somnolencia extrema después de superar las convulsiones.

Si bien no existe un tratamiento para la convulsión en niños por causa de fiebre, es importante que el médico sea consciente de esta afección y descarte que puedan ser síntoma otras enfermedades.

Es en estos casos donde la pulsera inteligente Liip Smart Monitor juega un papel fundamental avisando a los padres y adelantándose a cualquier episodio de subida drástica de fiebre que pudiera afectar al niño o al bebé. 

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